El reto
Yamboween combinaba las exigencias de un evento nocturno al aire libre con la responsabilidad de recibir públicos de distintas edades y expectativas.
La experiencia debía generar emoción, sorpresa y misterio para los adultos, pero mantener contenidos, recorridos y horarios adecuados para niños y familias.
Para responder a esta necesidad, Paradigma concibió una experiencia dividida en dos momentos claramente diferenciados:
- Un festival familiar basado en personajes, magia, humor, disfraces y participación.
- Un after-party dirigido a mayores de 18 años, con mayor intensidad musical y una atmósfera completamente nocturna.
Esta segmentación implicaba comunicación clara, controles de edad, manejo diferenciado de accesos, transiciones de programación y una modificación gradual del tono del evento.
También existía un importante desafío escenográfico. La ambientación debía ser visible y atractiva durante el día, adquirir mayor fuerza con la llegada de la noche y mantener una identidad coherente en el escenario, los recorridos, los personajes y los espacios destinados a fotografías.
El uso de fuego, estructuras, artistas, efectos escénicos, disfraces voluminosos y la presencia de público infantil exigía una coordinación operativa especialmente cuidadosa.
Cada elemento debía provocar sorpresa sin perder control, visibilidad ni coherencia con la experiencia general.