El reto
La Laguna de Yambo era el principal atractivo del evento, pero también determinaba gran parte de su complejidad.
A diferencia de una sala de conciertos convencional, Hawkay es un espacio natural, abierto y alejado de la infraestructura urbana. Esto exigía desarrollar una producción capaz de integrarse al entorno y responder a sus condiciones sin perder calidad, ni identidad.
Desde Paradigma debíamos contemplar energía, sonido, iluminación, cambios de temperatura, accesos, estacionamientos, señalización, control de entradas y movilidad de proveedores.
También era indispensable considerar protocolos de primeros auxilios, rutas de evacuación y la salida ordenada del público después del anochecer.
El sonido debía tener la potencia suficiente para construir una experiencia musical envolvente, pero su ubicación y dirección tenían que respetar las características del lugar. La iluminación debía acompañar la transición hacia la noche sin eliminar la presencia natural de la laguna.
El instante principal del evento no podía modificarse ni retrasarse: el atardecer sucede a una hora determinada. Por ello, el ingreso del público, la progresión musical, la ambientación y la transformación lumínica se mantuvo de manera sincronizada.
Paradigma debía conseguir que todos los elementos llegaran a su punto más alto en el momento exacto en que el sol comenzara a desaparecer.